Una distinta sensacion

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Entiempos insaciables cuando las fronteras se derriban.

Donde al dormir reencontramos lo más incauto de nuestro ser, te encontré. Pero hoy no te puedo descifrar. Incomprensibles los segundos cargados de movimientos sírquense en mi interior. Tan delicados entre el tiempo. Y el viento.

Por fin mi espacio se expandía. Aquellos ojos oceánicos palpitaban enredaderas de papel, desdibujadas por todo el centro. Mis dedos no paraban de escribir y lograba mezclarme entre tanta gente, inhalaba un aire tímido pero tan fresco que mis pulmones reparaban de placer. Muchos estilos, muchas diferencias pero todos persiguiendo un rumbo. Pero ¿Cuál era el verdadero ritmo? ¿Qué sentido?

Corrían sientas de personas, persiguiendo su indeleble soledad, rodeadas de vestidos, de tejidos que se lograban pegar en cada caminar, sientas de estrellas reverdecían el cielo. Papalotes memorables, clavados en hilos de colores, bocados de historias se consumían al mismo tiempo.

Al ver entre las calles, al pisar concreto, el pavimento, espacio libre, en medio de tanto caminar, enloquecía de ver tanto que contar. Detalles perfectos captados por tan solo un ojo humano que me entristecía no poder nombrar y buscar nuevos nombres, nuevas letras y un tanto de canciones. Logre entrar en pupilas que parecían sincronizar memorias. Mientras caminaba logre encontrar un sinfín de caras, de miradas y de sensaciones.

Una mirada me impacto, un rostro con sumo dolor me miro. Mi cuerpo se detuvo en un tiempo inexistente. Pero ella, ella solo veía aquellos ahorros, esos zapatos que por fin podría comprar, haciéndola de madre a pesar de tener apenas 18 años, con su hermana en un brazo. Con marcas en su cara, con suciedad impresa. Con una carga inenarrable, indiscutible ante ese rostro de dolor, de coraje.

Su otra hermana media en su pie flaco, esquelético aquellos tenis que cubrían dolores, en donde no se lograba deslumbrar aquella facha de desnutrición. Un material sintético con suela antiderrapante. Derrapando el dolor, el sufrir. Masticando la pobreza que las rodea cada día.

Comprendí numerables razones, numerables pantallas de humo que nos alejan de la verdadera realidad. De la enfermedad que turba a muchos que enloquece a cualquiera, que invade y que no hay cura. La pobreza. La guerra  interminable en contra de cada uno de los que se dicen hermanos. La vulnerabilidad del pueblo, la causa de epidem, desolacion, de malestar interno que ocasiona todo tipo de dolor interno y físico. Hasta cuando.

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1 comentario

  1. M dijo:

    mayo 6, 2009 a 6:23 am

    Al ver y estar con todas estas personas, nuestra realidad cambia; la de ellas sigue igual.


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