Eran cerca de las 6 de la mañana, sus ojos se entre abrieron y se alcanzaba a ver lo transparente de su mirar. A menudo palidecía por tanta contrariedad. Pero hoy podía respirar intensamente, sumergirse en sus adentros encontrando respuestas. Dando nombre a cada surgir. Esos ojos deletreaban el perfecto sentir. Redondos y exactos, claros pero muchas veces opacos. Eran ganas, reflejadas en semanas de tanto aprender, desde llorar, gritar, sacudir energía y navegar por experiencias interminables. Que lo conectaron con su fiel andar. Sus dedos se deslizaban poco a poco queriendo encontrar una vez más el arte de las líneas de su rostro. Para recordar lo mucho que vale cada ser humano, lo que lo identifica y lo le hace libre. Descendiendo a cada una de sus líneas de expresión. La yema de sus dedos casi incauta frente al fuerte frio que lo rodeaba. Su cama era la comodidad predilecta, las fibras de algodón se amoldaban a su cuerpo y a su aroma.
Hoy era diferente, hoy viviría cada segundo, cada minuto transcurrido, hoy gritaría hasta no poder más hasta sonreír eternamente. Y encontraba la felicidad, en la simpleza. En su alma de niño. Seductor por naturaleza. Conseguía siempre las buenas cosas de la vida. Pero una vez teniendo todo se hartaba que no volvía a probarlas. Duro mucho tiempo peleando con su familia, intentando que lo reconocieran, que lo hicieran parte ejemplar de su andar. Que las inseguridades no salieran que no estallaran. Pero continuamente era humillado por su propia familia pero lo que lo mantenía vivo, con tanta energía es que el sabia amar. Era un hombre que buscaba el amor incondicional en cada persona, buscaba ver a Dios a través de los demás, de sus rostros, solo ahí en sus obras se desdibujaba su firma, su forma de actuar y vivir. Le encantaba conversar y fue eso lo que nos enamoro.
Corrí kilómetros y alcance a verlo cuando ya era demasiado tarde, cuando el recuerdo se había esfumado durante la noche. Dios sabe cuánto lo ame, lo amo y lo he amado. De lo único que siempre he estado segura. Es el sentido de pertenencia, el amor que solo llega fuertemente cuando no se le espera. Cuando sus fuerzas doblegaban sus ojos y lo hacían caer una vez más en cama. Tendido, pálido sonriendo a nuestro amor. Cada día despertaba como si fuera único, como si su vida le obligara a deleitarse con el hecho de haber nacido, con el solo hecho de sentir. Y nos sentíamos, nos dividíamos, nos compactábamos y sobre todo nos respetábamos. También hacíamos corajes. He de confesar que dentro de mí nacía un grito desesperado. Con el cual los vecinos fueron participes. Gritaba cada vez que me enojaba, mataba ese dolor, claro sedándolo con amor. Arreglando el día sin esperar un rato más en los cuales me recordaba que había enfermado sumamente de amor, que era lo que lo arrojaba a la cama. Lo que le motivaba a mostrar el verdadero amor.
Hoy ese amor florece y sigue cálido, sigue dentro de nosotros. En nuestras manos, en nuestros ojos en nuestros labios. Sigue en el aire, sigue vivo. Si lo ves no dudes en desalojarlo. Guárdalo hazlo tuyo y continua enamorándote del amor.



Espero tu beso
A veces los siento tan ciegos
Sera que terminaras aplastado en aserrín